Tu agotamiento no siempre viene del cuerpo: a veces viene de sostener demasiado
Hay cansancios que no desaparecen durmiendo una noche completa.
Cansancios que permanecen incluso después del fin de semana.
Cansancios que no siempre se sienten únicamente en los músculos, sino también en la mente, en la respiración y en la forma en que habitamos la vida cotidiana.
Muchas personas viven funcionando con una sensación constante de agotamiento sin comprender completamente de dónde proviene.
Y quizá la respuesta no está solamente en “hacer demasiado”.
A veces el verdadero desgaste aparece por todo aquello que sostenemos internamente durante demasiado tiempo.
Vivimos sosteniendo más de lo que el cuerpo puede procesar
La vida contemporánea exige una atención constante.
Responder mensajes.
Resolver problemas.
Trabajar rápido.
Estar disponibles emocionalmente.
Tomar decisiones continuamente.
Gestionar incertidumbre, expectativas y responsabilidades.
Aunque muchas de estas demandas parecen normales, el sistema nervioso no las vive como algo neutro.
El médico y especialista en trauma Gabor Maté explica que el estrés crónico no depende únicamente de situaciones extremas. También puede surgir cuando una persona permanece demasiado tiempo desconectada de sus propias necesidades emocionales y corporales intentando adaptarse a las exigencias del entorno.
Según Maté, el organismo humano tiene límites biológicos. El problema es que muchas veces aprendemos a ignorarlos para seguir funcionando.
Y el cuerpo, tarde o temprano, termina expresándolo.
El sistema nervioso no distingue entre “urgencias reales” y presión constante
Desde la neurociencia sabemos que el cerebro humano fue diseñado para ayudarnos a sobrevivir.
El sistema nervioso autónomo regula procesos esenciales como:
- respiración,
- ritmo cardíaco,
- tensión muscular,
- digestión,
- sueño,
- y estados de alerta.
Cuando el cerebro percibe amenaza, activa mecanismos fisiológicos destinados a protegernos.
El investigador Stephen Porges, creador de la Teoría Polivagal, explica que el organismo está constantemente evaluando señales de seguridad o peligro a través de un proceso inconsciente llamado neurocepción.
El problema es que el cuerpo moderno rara vez descansa completamente.
Para el sistema nervioso, también pueden convertirse en señales de amenaza:
- la hiperconectividad,
- la presión económica,
- la sobrecarga mental,
- el exceso de estímulos,
- la incertidumbre,
- o la sensación permanente de tener que sostenerlo todo.
Cuando esto se prolonga durante meses o años, el organismo permanece funcionando en modo supervivencia.
El agotamiento emocional también es físico
Muchas veces hablamos del estrés como si fuera algo exclusivamente mental.
Pero el cuerpo participa activamente en cada experiencia emocional.
El agotamiento sostenido puede reflejarse como:
- tensión cervical,
- insomnio,
- respiración superficial,
- inflamación,
- fatiga persistente,
- hipersensibilidad emocional,
- dificultad para concentrarse,
- o sensación de desconexión corporal.
El filósofo Byung-Chul Han describe en sus análisis sobre la sociedad contemporánea cómo hemos pasado de vivir bajo modelos de disciplina externa a formas de autoexigencia constante.
Incluso el descanso muchas veces viene acompañado de culpa.
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