El sistema nervioso: la nueva conversación del yoga

 



Durante muchos años el yoga fue presentado principalmente como una práctica física asociada a la flexibilidad, las posturas avanzadas o el rendimiento corporal. Sin embargo, en la actualidad, tanto la neurociencia como la psicología del trauma están transformando profundamente esta mirada.

Hoy sabemos que muchas personas no llegan al yoga únicamente buscando movilidad o fuerza, sino regulación emocional, descanso y sensación de seguridad interna.

El cuerpo contemporáneo vive expuesto a niveles elevados de estrés crónico. Según el endocrinólogo y neurobiólogo Robert Sapolsky, el organismo humano activa respuestas fisiológicas de supervivencia frente a amenazas psicológicas de la misma manera que lo haría frente a peligros físicos reales. Esto significa que preocupaciones laborales, hiperconectividad digital, presión económica o agotamiento emocional pueden mantener al sistema nervioso en un estado sostenido de alerta.

En su libro Why Zebras Don't Get Ulcers, Sapolsky explica cómo la activación prolongada del cortisol afecta:

  • el sueño,
  • la digestión,
  • la memoria,
  • la inmunidad,
  • y la regulación emocional.

Desde esta perspectiva, prácticas como el yoga restaurativo y la respiración consciente dejan de ser únicamente herramientas de relajación y comienzan a entenderse como mecanismos de regulación neurofisiológica.


La teoría polivagal y la sensación de seguridad

Uno de los aportes más relevantes en este campo proviene de Stephen Porges, creador de la Teoría Polivagal.

Porges sostiene que el sistema nervioso está constantemente evaluando si el entorno es seguro o amenazante, incluso de forma inconsciente. Este proceso, denominado “neurocepción”, influye directamente en:

  • la respiración,
  • el tono muscular,
  • la frecuencia cardíaca,
  • y nuestra capacidad de conexión social.

Cuando el cuerpo percibe amenaza sostenida, permanece en estados de lucha, huida o desconexión.

Por ello, muchas personas sienten dificultad para relajarse incluso durante una práctica de yoga. No se trata de “hacerlo mal”, sino de un sistema nervioso acostumbrado a la hipervigilancia.

Según Porges:

“La seguridad es el tratamiento.”

Esta afirmación ha transformado el enfoque de muchas prácticas contemporáneas de yoga sensible al trauma.


Yoga, respiración y regulación emocional

Diversos estudios actuales muestran que la respiración lenta y diafragmática puede estimular el nervio vago, favoreciendo la activación parasimpática asociada al descanso y la recuperación.

El neurocientífico Andrew Huberman ha explicado en múltiples investigaciones y conferencias cómo ciertos patrones respiratorios influyen directamente en el estado de alerta cerebral, la ansiedad y la regulación emocional.

Prácticas como:

  • pranayama,
  • Yoga Nidra,
  • meditación,
  • y yoga restaurativo,

pueden ayudar a disminuir la activación fisiológica del estrés cuando son practicadas de forma constante y segura.

El cuerpo guarda experiencias

El psiquiatra Bessel van der Kolk, reconocido por sus investigaciones sobre trauma, sostiene que:

“El cuerpo lleva la cuenta.”

En su libro The Body Keeps the Score explica cómo las experiencias emocionales intensas pueden quedar reflejadas en patrones corporales, respiratorios y musculares.

Por ello, muchas prácticas contemporáneas de yoga ya no se enfocan únicamente en “lograr posturas”, sino en:

  • desarrollar conciencia corporal,
  • recuperar la sensación de presencia,
  • y aprender a habitar el cuerpo con mayor seguridad.

La neurociencia moderna está confirmando algo que las tradiciones contemplativas intuían desde hace siglos: el cuerpo y la mente no funcionan por separado.

Tal vez el verdadero bienestar no consista en exigir más al cuerpo, sino en crear las condiciones para que el sistema nervioso pueda sentirse seguro nuevamente.

El yoga, desde esta mirada, no es únicamente una práctica física.
Es también una forma de relación con nosotros mismos.




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