VIVIMOS CANSADOS PORQUE NUNCA SALIMOS DEL ESTADO DE ALERTA
Muchas personas creen que están cansadas únicamente por la cantidad de cosas que hacen. Pero el agotamiento moderno no siempre proviene solo de la actividad.
Muchas veces surge del estado interno desde donde vivimos.
El cuerpo contemporáneo pasa demasiado tiempo en alerta.
Un cerebro diseñado para sobrevivir
El neuroendocrinólogo Robert Sapolsky, Estrés y neuroendocrinología, explica que el organismo humano responde al estrés psicológico como si enfrentara amenazas físicas reales.
Para el cerebro:
- exceso de trabajo,
- presión constante,
- sobrecarga emocional,
- hiperconectividad digital,
- y falta de descanso, pueden convertirse en señales de peligro.
Como resultado, el cuerpo libera cortisol y adrenalina para mantenerse preparado.
En pequeñas dosis esto es funcional. El problema aparece cuando el estrés deja de ser momentáneo y se vuelve permanente.
El cansancio invisible
Muchas personas continúan funcionando aun cuando el cuerpo está agotado.
Trabajan. Entrenan. Resuelven responsabilidades. Y al mismo tiempo sienten:
- dificultad para descansar,
- irritabilidad,
- respiración corta,
- tensión muscular,
- ansiedad física,
- o sensación de agotamiento constante.
El problema es que nos hemos acostumbrado tanto a vivir acelerados que el estado de alerta comienza a parecer normal.
El sistema nervioso también necesita recuperación
El investigador Andrew Huberman, Neurociencia aplicada explica que el sistema nervioso necesita períodos reales de recuperación para regular adecuadamente procesos relacionados con atención, emociones y descanso.
Sin espacios de pausa, el organismo permanece en hiperactivación.
Y un cuerpo hiperactivado no descansa completamente, incluso cuando duerme.
El cuerpo guarda la tensión
El psiquiatra Bessel van der Kolk, sostiene que el estrés sostenido modifica profundamente la fisiología corporal.
El cuerpo recuerda:
- patrones de defensa,
- respiraciones contenidas,
- hipervigilancia,
- y tensión acumulada.
Por eso muchas personas sienten que “nunca logran relajarse del todo”.
El organismo se acostumbra a permanecer preparado.
Yoga y neuroplasticidad
Las investigaciones actuales muestran que prácticas contemplativas y corporales pueden favorecer cambios positivos en la regulación nerviosa.
La respiración consciente, el yoga restaurativo, la meditación y el movimiento lento ayudan al cuerpo a experimentar estados fisiológicos de mayor calma.
No porque eliminen los problemas de la vida cotidiana, sino porque enseñan al sistema nervioso que también existen espacios seguros.
Muchas personas no están cansadas únicamente por lo que hacen.
Están agotadas por vivir demasiado tiempo desde la supervivencia.
Y quizá el primer paso hacia el bienestar no sea hacer más. Tal vez sea aprender, lentamente, a salir del estado constante de alerta.
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