EL CUERPO NO QUIERE PERFECCIÓN: QUIERE SENTIRSE SEGURO
Vivimos en una cultura profundamente obsesionada con la mejora constante. Ser más productivos, más saludables, más disciplinados, más fuertes, más eficientes. Incluso el bienestar muchas veces termina convirtiéndose en otra forma de exigencia.
Aprendimos a relacionarnos con el cuerpo como un proyecto que debe corregirse permanentemente.
Sin embargo, desde la neurociencia contemporánea comienza a surgir una pregunta diferente: ¿y si el cuerpo no necesitara tanta perfección? ¿y si lo que realmente necesitara fuera seguridad.
Un cuerpo agotado no siempre necesita más disciplina
Muchas personas viven desconectadas de las señales corporales.
Ignoran el cansancio. Postergan el descanso. Respiran rápido. Aprietan la mandíbula. Duermen mal. Y continúan funcionando como si nada ocurriera.
Desde afuera pueden parecer productivas. Pero internamente el sistema nervioso permanece sosteniendo un estado constante de alerta.
El médico eminente["people","Gabor Maté","Estrés y trauma"] ha investigado ampliamente cómo el estrés crónico y la autoexigencia afectan la salud física y emocional.
Maté sostiene que muchas personas aprenden a desconectarse de sus necesidades corporales para poder adaptarse a entornos exigentes. El problema es que el cuerpo eventualmente termina expresando aquello que hemos ignorado durante demasiado tiempo.
El sistema nervioso siempre está preguntando: ¿estoy seguro?
El investigador eminente["people","Stephen Porges","Teoría Polivagal"] desarrolló la Teoría Polivagal para explicar cómo el sistema nervioso evalúa continuamente señales de seguridad o amenaza.
Según Porges, el organismo humano no solo responde a peligros físicos reales. También reacciona frente a presión emocional, estrés sostenido, hiperexigencia o sensación de desconexión.
Cuando el cuerpo percibe amenaza constante:
- aumenta la tensión muscular,
- la respiración se acelera,
- el sueño se altera,
- y el organismo permanece preparado para sobrevivir.
Por eso muchas personas sienten dificultad para relajarse incluso durante vacaciones, momentos tranquilos o prácticas de yoga.
El cuerpo no siempre sabe que el peligro terminó.
Ahimsa: la filosofía del yoga aplicada al cuerpo moderno
Dentro de la filosofía del yoga existe un concepto esencial llamado ahimsa, que puede traducirse como no violencia.
Tradicionalmente, ahimsa se relaciona con la forma en que tratamos a otros. Pero también puede convertirse en una pregunta profundamente personal:
¿cómo estamos habitando nuestro propio cuerpo?
Muchas veces practicamos bienestar desde la violencia silenciosa:
- exigiéndonos constantemente,
- ignorando el cansancio,
- comparándonos,
- o intentando “corregirnos” permanentemente.
La maestra eminente ["people","Judith Hanson Lasater","Yoga restaurativo"] explica que el descanso consciente y las prácticas restaurativas permiten al sistema nervioso salir temporalmente de estados prolongados de defensa.
Desde esta mirada, el yoga deja de ser únicamente rendimiento físico. Se convierte en una práctica de escucha.
La seguridad también transforma el cuerpo
Muchas veces creemos que el cambio corporal ocurre únicamente desde la presión. Sin embargo, la neurociencia muestra algo distinto.
El cuerpo aprende mejor cuando no está permanentemente amenazado.
Cuando el sistema nervioso experimenta seguridad:
- mejora la respiración,
- disminuye la inflamación asociada al estrés,
- aumenta la capacidad de recuperación,
- y el organismo puede dedicar más energía a procesos de regulación y reparación.
Quizá por eso algunas de las prácticas más transformadoras no siempre son las más intensas.
A veces el verdadero cambio comienza cuando el cuerpo deja de sentirse en guerra consigo mismo.
Tal vez el cuerpo no necesita que lo obliguemos a convertirse en algo distinto.
Tal vez necesita espacios donde pueda respirar profundo, bajar la guardia y sentir que finalmente está a salvo.
Porque un cuerpo constantemente exigido no siempre aprende a fortalecerse. A veces aprende únicamente a sobrevivir.
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